El Punk antes del Punk; llega la Banda Trapera del Río

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A veces me pregunto qué tienen en la cabeza las bandas que deciden reunirse veinte años después de haber terminado. Es claro que en el bolsillo lo que tienen es un agujero difícil de coser. Pero en la cabeza no sé. Salvo que la hubieran perdido por el camino, me cuesta creer que conserven esperanzas de petarlo. Si no lo petaron entonces, no lo harán ahora. Y en cuanto a la emoción de salir de gira, tendrían que convencerme de que les excita la idea de meterse en un autobús durante semanas ahora que necesitan parar para ir al baño cada dos horas.

Solo me queda el comodín de la banda legendaria. Sabéis a qué me refiero: la banda referencial, la que los críticos indican como precursora, el tótem para especialistas. Los críticos son responsables de la mayoría de las leyendas porque, en realidad, no tienen mucho más que hacer. Y una de las que funcionan más a menudo es la de esta es la última oportunidad de ver un tigre albino.

La Banda Trapera del Río es la banda legendaria. Los primeros punks españoles. Los tigres albinos de un suburbio de Barcelona que empezaron a tocar cuando Franco. Los macarras de la transición. Todo esto es verdad.

La Banda Trapera cantaba sobre cosas sobre las que nadie se atrevería a cantar hoy. Tenían canciones sobre la heroína (muy a favor), la religión (muy en contra) y la menstruación (no está claro). Eran Rolling Stones sin ningún glamour, eran Lou Reed sin el menor adorno. Sonaban a cacharro, su música olía a cuartucho de ensayo con peste de cerveza y sobaco. Eran auténticos marginales antes de que parecerlo se convirtiera en la aspiración de cualquiera que quisiera pasar por auténtico. Perdieron varios miembros por sobredosis, cuando el yonqui chic aún no se le pasaba por la cabeza ni al publicista más demente. No había nada chic a su alrededor. Qué coño iba a haberlo.

Editaron un único disco en 1979. Vendieron cuatro copias. Grabaron otro en 1982 y no consiguieron que nadie se lo publicara hasta once años después. Luego otro más en 1994. Llamadme pesimista, pero diría que de la música no lograron vivir jamás. Se reunieron hace un par de años de nuevo y tocaron en el último Primavera Sound. El destino solo podría ser más irónico haciéndoles compartir camerino con Amaia Romero.

Son desagradables. Tienen un negro sentido del humor. Tocan rock and roll. No esperan petarlo. Son el último tigre albino, con las patas manchadas de barro y sarro en los colmillos. Es el aspecto que tienes cuando no has pisado un zoo en la vida.

JM. LENOIR

 

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